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El alcance de la píldora anticonceptiva masculina


Redacción Agencias | 3/16/2017, 2:34 p.m.
El alcance de la píldora anticonceptiva masculina
La pildora masculina es un hecho | Foto Cortesía

Josué Garza Flores, profesor de la UNAM y especialista en Farmacología Clínica y Endocrinología Reproductiva, señala que “desde que el hombre es hombre ha tenido la idea de controlar el crecimiento poblacional, como lo manifestaron los egipcios en el papiro de Ebers (1550 antes de Cristo) en donde se describen métodos para evitar el embarazo.

En esta misma vertiente, el especialista cita la historia de un médico conocido como el Dr. Condom, quien durante el siglo XVII fue asesor del rey Carlos II de Inglaterra y le sugería utilizar un preservativo hecho con intestino de oveja para evitar embarazos no deseados. Del apellido de este personaje se deriva, por supuesto, el popular nombre “condón”.

Pese al interés mostrado, los métodos tradicionales de anticoncepción poseían alto margen de error, no tenían difusión masiva y enfrentaban férrea resistencia moral y religiosa. No en balde, Sigmund Freud, padre del Psicoanálisis, escribió en 1898: “Si el acto responsable de la procreación pudiera ser elevado al nivel de una conducta voluntaria e intencional y, de esta manera, separarlo del imperativo de satisfacer un impulso natural, teóricamente sería uno de los mayores triunfos de la humanidad”.

Gestación de la pastilla

El Dr. Garza Flores afirma que la creación de métodos farmacológicos para controlar la fertilidad “proviene del conocimiento de la fisiología hormonal femenina, en concreto cuando se supo que era posible inhibir la ovulación y, por tanto, el embarazo”. Esto ocurrió por primera vez cuando el fisiólogo austriaco Ludwing Haberland, en 1929, retiró los ovarios a un grupo de ratas preñadas y los implantó en roedoras que se encontraban en edad reproductiva; el resultado fue que los animales de laboratorio se volvieron infértiles debido a una hormona generada por las glándulas trasplantadas: la progesterona.

Así, al conocer el mecanismo natural que evita una nueva fecundación cuando la gestación se encuentra en curso, las investigaciones avanzaron hasta lograr la obtención en laboratorio de progestinas sintéticas, que son proteínas que desencadenan la obtención de progesterona y, como consecuencia, detienen la ovulación. En este sentido, fue determinante el trabajo del biólogo Gregory Pincus, galardonado con el Premio Nobel de Medicina, quien delimitó y comprobó la existencia de este mecanismo con conejas.

Empero, y para sorpresa de muchos, la primera sustancia empleada en anticoncepción se obtuvo en 1951, en los laboratorios Syntex de la Ciudad de México. Este hecho se consiguió “gracias al trabajo de los científicos Carl Djerassi, George Rosenkranz y el mexicano Luis E. Miramontes, quien realizaba trabajos de pasantía como químico -añade el endocrinólogo-; la patente se encuentra en el salón de la fama, en Estados Unidos, donde lo conservan para inmortalizar este trabajo como una de las grandes contribuciones a la píldora”.

El compuesto sintetizado fue la noestisterona, y se obtuvo a partir de una fuente vegetal también mexicana, el barbasco (Discorea genus); a pesar del paso del tiempo, continúa en uso hasta nuestros días como uno de los principios activos de los anticonceptivos orales que toman millones de mujeres en casi todo el planeta.

Al fin nació