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Lenguaje deshumanizante


Editorial | 8/24/2018, 3:47 p.m.
Lenguaje deshumanizante
Donald Trump. | Foto Cortesía

Donald Trump usa el lenguaje para degradar a las personas que se oponen a él o, en el caso de los hispanos, a todo un grupo étnico. Eso hizo con sus oponentes políticos. Después de llegar a la Casa Blanca, desató su retórica racista al prohibirle a los musulmanes venir a este país. Llamó a los hispanos "criadores", implicando así que procreamos en exceso.

Dijo que México nos envía criminales. Tal vez, ese tipo de pensamiento evolucionó y descubrió que le ayudaba a justificar una política de separar bebés de los senos maternos. Quizás al separar a las familias en la frontera esperaba destruir a las personas que amenazan el dominio de los blancos, que como sabemos defendió implícitamente tildando a supremacistas blancos como "buenas personas".

Es alarmante que este sea el pensar dominante entre los Republicanos que lo apoyan. También condujo a la diatriba de Laura Ingraham sobre "la naturaleza cambiante de nuestro país". Lamenta el hecho de que esta nación construida por inmigrantes de todo el mundo se esté volviendo más bronceada. Eso es lo que identificamos como el Partido Republicano de hoy, el partido de Donald Trump, porque los líderes electos se han negado a repudiar su racismo, sus políticas aborrecibles hacia los pobres de este país y las naciones pobres del mundo.

Paul Ryan, Mitch McConnell, y otros, han cedido el escenario a Donald Trump, permitiéndole secuestrar y transformar el partido de Abraham Lincoln en un partido de intolerancia y prejuicios. Ha socavado nuestra fe en nuestras instituciones, atacando a los tribunales, a los servicios de inteligencia, al FBI, al servicio exterior y a todas las instituciones que no sirven sus nefastos propósitos. Llevará décadas evaluar el daño a nuestras relaciones internacionales. Hemos perdido amigos viejos y confiables y hemos hecho nuevos enemigos. Los eventos más recientes sirven para ilustrar el nivel de daños que este presidente ha traído a nuestra nación.

Trump celebró el despido del agente del FBI Peter Strzok porque el agente había expresado opiniones negativas sobre él. Su narcisismo no tiene límites. Él trajo a uno de sus concursantes de “Aprendices” a la Casa Blanca, porque "ella dice cosas buenas de mí". Trump contrató a Omarosa Manigualt, una mujer negra, a pesar de las reservas del jefe de gabinete, y luego maniobró para que la despidieran. Ella lo había protegido contra los cargos de racismo. Trump la llamó una "perra" en Twitter causando un alboroto de indignación en todo el país. Omarosa dice que tiene más grabaciones de Trump que le dará a Mueller si su oficina llama nuevamente.

El hombre a cargo de dirigir este país se involucra diariamente en batallas de Twitter con ex miembros de su gobierno en un intento de desacreditarlos. Todos los días nuestra ansiedad se eleva al pensar en qué nueva vergüenza o revelaciones escandalosas nos arruinarán el día. Omarosa podría tener razón al sugerir que "privemos a Trump de oxígeno". Necesita atención y se nutre de la controversia, y si dejamos de hablar de él, se quedará en un diálogo loco con el 33 por ciento que lo ama. Esa no es una mala idea.

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