Quantcast

Dar a luz antes de lo que esperas


Redacción Agencias | 2/14/2018, 8:49 a.m.
Dar a luz antes de lo que esperas

Siempre que no implique riesgos se dejará que el parto continúe. Pero, en cualquier caso, no hay que olvidar garantizarle al bebé el calor del pecho desnudo de su madre para favorecer su recuperación.

Una mujer embarazada imagina que su hijo nacerá transcurridos nueve meses, que llegará sano y que, tras el parto, volverán a casa juntos y felices. Sin embargo, puede ocurrir que este deseo no se corresponda con su realidad si el bebé nace antes de tiempo.

¿Qué lo desencadena?

En España, uno de cada diez nacimientos es prematuro. Se considera parto pretérmino el que tiene lugar antes de las 37 semanas cumplidas (37 semanas + 6 días), siendo esta una de las principales causas de morbimortalidad neonatal, así como de un alto porcentaje de secuelas físicas y psicológicas para el bebé. Cuanto más prematuro sea el parto, mayor es el riesgo de las posibles consecuencias.

En algunas ocasiones, el bebé nace antes de lo previsto intencionadamente porque, tras detectar complicaciones médicas que pueden afectar a la madre (hipertensión grave, preeclampsia o una diabetes mal controlada), al bebé (crecimiento intrauterino restringido, patologías del embarazo gemelar) o a ambos (corioamnionitis, sangrado por placenta previa), los doctores consideran que es preferible inducir el parto. A pesar de los riesgos que implica adelantar la llegada del bebé, en estas circunstancias los médicos valoran más beneficioso finalizar el embarazo.

El parto también puede desencadenarse después de haberse roto la bolsa de aguas de manera espontánea o de nuevo inducido si así lo deciden los profesionales. Aunque tampoco es extraño que el parto se produzca antes de lo previsto de forma inesperada. En la mayoría de los casos se desconoce qué lo precipita, pero sabemos que existen determinadas circunstancias -como el estrés- que favorecen que a una mujer se le adelante el parto.

Interpretar las señales

Los síntomas del parto prematuro suelen ser imprecisos y difíciles de distinguir de las molestias propias del embarazo. Pueden manifestarse como:

-contracciones uterinas dolorosas o indoloras

-molestias abdominales como las de la menstruación

-dolor en la parte baja de la espalda

-pérdida de flujo sanguinolento...

Sobre todo, es necesario no confundir las contracciones que indican que el parto se ha desencadenado con las llamadas contracciones de Braxton Hicks, habituales a lo largo de todo el embarazo, indoloras y sin ningún patrón rítmico. Favorecidas por un estado de cansancio, suelen ser más frecuentes al final del día si se pasan muchas horas de pie o ante una actividad física moderada (correr para coger el autobús, caminar a paso ligero, ajetreo en el trabajo...).

No dejan de ser una señal que el cuerpo le envía a la mujer para que esta haga una pausa y actúe con más calma.

Es normal comprobar cómo desaparecen después de descansar, ya sea sentada o tumbada, preferiblemente del lado izquierdo.

Este es el consejo habitual para diferenciarlas de las contracciones verdaderas de parto, que van aumentando de intensidad y frecuencia progresivamente y que no desaparecen al recostarse (una mujer que está realmente de parto encuentra muy incómodo tumbarse y no poder moverse libremente).