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Las emociones de tu bebé ante tu vuelta al trabajo


Redacción Agencias | 2/27/2018, 2:54 p.m.
Las emociones de tu bebé ante tu vuelta al trabajo

Tu bebé ya tiene casi cuatro meses. Habéis compartido 16 intensas semanas muy especiales, pero ha llegado el momento de volver al trabajo y de plantearte con quién lo dejarás. No deseas alejarte de él y seguramente te asaltarán muchas dudas.

¿Con quién dejarlo?

La persona a la que se le confía el cuidado del bebé también juega un papel esencial. Tener presentes estos tres puntos a la hora de elegirla puede ser de gran ayuda:

Su alta sensibilidad frente a las necesidades emocionales del bebé. Cómo conecta con él: el tono de voz, el contacto, la mirada...

Estabilidad. Hay que procurar que la cuidadora elegida vaya a tener una continuidad.

Progresivo. Deberían conocerse unas tres o cuatro semanas antes de quedarse solos por primera vez. Así pueden establecer un vínculo, y los adultos aseguran la coherencia en el estilo de crianza.

Una vez superado el gran reto de decidir cuándo, cómo y a quién confiar su cuidado, llega el día de la separación.

Nuevos horarios, reorganización familiar y, lo más importante, acompañar al bebé en su propio proceso de adaptación. ¿Cómo? Reflexionando sobre sus necesidades emocionales de tal manera que estas te sirvan de guía para organizar los mejores cuidados posibles, tanto durante la jornada laboral que os mantenga separados como el resto del día.

Esta reflexión también te ayudará a comprender sus posibles reacciones, así como te permitirá acompañarlo (en el sentido amplio de la palabra) minimizando los posibles efectos negativos de las separaciones tempranas.

Es esencial demostrárselo

Las criaturas crecen sanas y seguras de sí mismas cuando son cuidadas, apoyadas y sostenidas en la relación cálida, íntima y continuada con sus padres. Tanto su desarrollo físico y psicoafectivo como su bienestar emocional están determinados principalmente por la calidad de este primer vínculo.

Y es que los niños, además de ser queridos, necesitan sentirse queridos.

Aunque le digas "te quiero mucho" a tu hijo, lo ha de sentir en su piel, en tu voz, en tu mirada, en tu abrazo...

Es en el contacto cotidiano al atenderlo, al alimentarlo, al asearlo, al calmar su llanto, al jugar, al cantar... Es el hecho de mirar, de hablar, de sonreír, de abrazar y de sentir donde realmente se teje el vínculo.

Los bebés buscan la proximidad con sus figuras de apego, porque es eso lo que les proporciona seguridad y confianza, y de la misma manera es su "pérdida" -como pasa cuando mamá se va a trabajar- la que les genera miedo y activa conductas como el llanto con el fin de restaurar el contacto perdido.

La sensibilidad de los adultos cuidadores ante estas necesidades emocionales infantiles es la clave para poder establecer unos lazos saludables y seguros entre padres e hijos.

Puro instinto

Los miedos protegen de los peligros. En este caso hacen que el niño esté cerca de los adultos, y es ese contacto estrecho el espacio psicológico donde se "construye-constituye" la persona que será, donde adquiere la confianza y seguridad que lo sostendrá toda la vida, donde aprende a un nivel profundo y preverbal todo lo relativo a la comunicación emocional, a la capacidad de relacionarse de forma íntima, a ser cuidado y a cuidar. En definitiva, un estilo emocional que condiciona cómo regula sus emociones y cómo se trata a sí mismo y a los demás.