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Murad rescató la dignidad de los yazidíes


Gustavo Rízquez | 10/5/2018, 5:35 p.m.
Murad rescató la dignidad de los yazidíes
Nadia Murad hizo de los más deleznables abusos contra humanidad un escudo que ayude a amparar a millones. | Foto Cortesía

La voz de la conciencia. La heroína. Sobre esa base ética se mira a Nadia Murad desde la perspectiva de los yazadíes, y desde luego esa estatura moral se irradia por todo el mundo.

Es una de esas extrañas alquimistas que ha logrado encapsular las más maléficas energías, para convertirlas en fuerzas positivas, ejemplarizantes para el planeta entero.

No es sencillo recolocar los más deleznables abusos contra la humanidad y hacer con ellos un escudo que ayude a amparar a millones, una barrera tan brillante que pudo reflejar al resto de la humanidad la historia de una mujer que pudo transformar en dignidad la humillación y la esclavitud a la que el grupo terrorista Estado Islámico (EI) sometió a su milenario pueblo.

La terrible historia que marcó a la niña Nadia Murad, tiene prólogo 3 de agosto de 2014, momento a partir de que ella y millares de niñas más fueron blancos de una política de guerra. Hoy Murad tiene 25 años y siempre es vívido cuando narra cómo llegó una cruenta columna de vehículos transportando al odio del Estado Islámico a la comarca iraquí de Sinyar, llegó con la intención de desplegar el terror de una operación de sometimiento y de exterminio.

Su objetivo era acabar con los yazadíes, una minoría religiosa de etnia kurda asentada en el norte de Irak, cuyas raíces se remontan a 2.000 años en los que ha sufrido 74 genocidios, y a los que los yihadistas del EI consideran infieles.

Según cálculos no oficiales el plan de exterminio terrorista supuso la muerte de unas 5 mil personas, y dejó en estado de esclavitud de alrededor de 3 mil niñas y mujeres que fueron sometidas a ventas y reventas para su explotación sexual por parte de los desalmados del Estado Islámico.

Nadia Murad aquel día estaba junto a su madre y sus 12 hermanos en su natal Kojo, un pueblo agrícola, del que los yihadistas se llevaron a todo el mundo.

Inenarrables episodios de tormento vivió por más de 90 días la niña Murad quien logró escapar en noviembre de aquel mismo año gracias a los vecinos que la ayudaron a salir de la zona controlada por los terroristas para llegar a un campo de refugiados en Irak y trasladarse posteriormente a Alemania.

Desde tierras germanas la sobreviviente encontró el valor y el espacio para elevar su voz para denunciar el martirio de los yazidíes y el 16 de diciembre de 2015 contó su experiencia en el Consejo de Seguridad de la ONU, que la nombró embajadora de esta organización.

Su presencia comenzó a hacerse habitual en las conferencias de la ONU y organismos internacionales, en donde sin descanso narra una y otra vez el horror que aún vive su pueblo.

El comité Nobel para conceder el galardón, comentó que Murad "es el testigo que cuenta de los abusos perpetrados contra ella y contra otros".

El reconocimiento del Nobel de la Paz se junta con el concedido por el Parlamento Europeo, que le otorgó en 2016 el Premio Sajarov a la Libertad de Conciencia, un galardón que la Eurocámara concede desde 1988 a personas y organizaciones que defiendan los derechos humanos y las libertades fundamentales.